Como marcan los Estatutos y de una manera tácita la tradición, acumulada por esta Santa Cofradía durante décadas, el domingo 7 de marzo, celebramos de manera solemne el acto que encierra los verdaderos entresijos de la vida cofrade dentro de nuestra Hermandad y de todas las demás.
Es deber del hermano acudir a hacer pública la proclamación de su fe que le une al resto de sus hermanos y la Función Principal de Instituto se constituye en el perfecto medio de renovación de esos valores, adornados con grandes dosis de solemnidad y despliegue de argumentos litúrgicos que abrumarian al más experto de los responsables de protocolo civil.
Fueron muchos los hermanos, que a pesar de las incertidumbres meteorológicas se acercaron a las once de la mañana por la Iglesia Parroquial de San Juan Bautista de los Descalzos para compartir esos vínculos... a algunos los echamos de menos porque no estaban y no sabemos por qué, a otros porque sabemos por lo que no estaban y ya no volverán... pero los que estaban eran muchos que llenaron la iglesia.
El acto comenzó con una procesión claustral, guiada por una de las Cruces de Guía de Hermandad y en la que intervinieron la mayoría de los hermanos y amigos allí presentes.
La ceremonia fue presidida por quien ha asumido durante los cinco días anteriores la predicación del Quinario, el Rvdo. Padre Fray Enrique Mora González, que nos hizo reflexionar sobre la PALABRA en su excelente homilía.
El acompañamiento musical de la ceremonia corrió a cargo de la Coral de la Basílica de la Merced de Jerez, que interpretó un acertado repertorio musical.
Desde aqui queremos felicitar al grupo de hermanos que compusieron de manera magistral el cuerpo de Dalmática, que dieron más excelencia, si cabe, a tan religioso acto.
Para finalizar la mañana, todos los hermanos no reunimos en torno a la mesa para compartir unas horas de hermandad y buena compañía... pero eso ya es otra histioria. |