La imagen del Cristo de la Flagelación, de talla completa, es obra del italiano Jacome Baccaro, en el 1749-50. Pertenece, por tanto, a la última época del Barroco. La imagen se encontraba en un retablo de la Catedral que ahora ocupa la imagen de Nuestra Señora de Belén, titular del antiguo Monasterio de Belén. Al ser una talla de retablo es un Cristo pensado para ser visto, en principio, únicamente de frente, y al verlo de perfil adolece un poco de relieve, pero es una talla de indiscutible calidad y bastante expresividad en el rostro. El escultor, que estuvo afincado en nuestra ciudad, trabajó básicamente para Jerez y Cádiz, fuera de estas ciudades prácticamente no se le conoce nada, y precisamente en Jerez tiene varias obras importantes: Una Inmaculada en la Catedral, un San Juan en la Iglesia de los Remedios y además este autor fue quien repolicromó la imagen del Cristo de la Viga en 1809.
El proceso histórico del Señor de la Flagelación se conoce con exactitud. El canónigo Gutiérrez de la Vega, devotísimo de la Pasión de Cristo, natural de Jerez, doctor en Teología, sentía profundo fervor por el paso en que Pilatos condenó a Jesús al fagellatio, para complacer a sus acusadores, castigo de azotes que en la ley judia no sobrepasaban de cuarenta, pero sin limitación alguna en la romana, por lo que el Procurador aplicaría la pena según su libre criterio. Movido el sacerdote por esta devoción y aprovechando su trato con el escultor, feligrés que era del Divino Salvador, le encargó la talla del Señor en tan vil castigo y cruel tormento, al objeto de que moviese al pueblo a compasión, devoción y fervor. El maestro genovés recibió el encargo y, dejando constancia de ello, escribió en el pedestal de la columna a la que está atada por las manos la imagen: "Este Señor de la Columna lo hizo Don Jacome Baccaro, año de 1749, y lo costeó el Señor Don Francisco Gutiérrez de la Vega, canónigo de esta Colegial de Jerez".
La cabeza del Señor de la Flagelación de Jerez es magnífica y guarda mucho de la monumentalidad de Miguel Angel, siendo esto evidente en la disposición de los mechones del pelo, los ojos rasgados, la finura de la nariz y la boca grande, así como en la manera de esculpir la barba. Es una talla completa, con un paño de pureza esculpido, que daja al descubierto una gran parte de la anatomía. Se ha resaltado el aspecto cruento de la escena, apareciendo el cuerpo de Jesús surcado por hilos sanguinolientos, lo cual se aparta, quizás en su deseo de impactar al espectador, de los textos de los Evangelios, que especifican que Jesús fue coronado de espinas después de ser flagelado. En cualquier caso, la cabeza resulta de una intensa expresión, que llega a impresionar al fiel que la contempla de cerca. Lleva potencias, lo que contribuye a resaltar más la sensación de que está siendo flagelado el mismo Dios hecho hombre. Son de estilo churrigueresco, obra de José Ovando. Baccaro se esmeró en esta talla, a pesar de que, en principio, como dijimos anteriomente, fue pensada para un retablo y no como escultura exenta. El Señor de la Flagelación ofrece unas características muy conseguidas. Un dato curioso que llama la atención de esta talla es que Baccaro hizo el tronco excesivamente largo, al paso que las piernas del Señor quedan algo cortas. Sobre este factor hemos apuntado la posibilidad de que el artista genovés no buscara la armonía conceptual o la belleza en la proporción, sino que se centrara en la expresión de un momento pasionista, intensificando su atención en la cabeza de la imagen, para así resaltar con mayores medios el pathos, o sea, la escenificación de una expresión sufriente. En el año 2004 fue restaurada la Imagen por D.Enrique Ortega Ortega. |